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Descripción

Algunas marcas son daño. Otras son memoria. Este cuenco lleva las dos, y sabe distinguirlas.

El árbol fue rescatado, ya caído antes de llegar al torno. Lo que quedaba de su vida se hizo visible al tornear: un vacío natural en un costado, grietas finas que atraviesan la veta como cicatrices antiguas que nunca cerraron del todo. Nada se agregó. Nada se disimuló.

Con 16 centímetros de diámetro y 6 de altura, el cuenco se asienta bajo y cercano, sus imperfecciones visibles desde cualquier ángulo, imposible de colocar boca abajo y olvidar.

Terminado con aceite Osmo y aceite de nuez. Firmado por el autor. Acompañado de un certificado de autenticidad.

 

El árbol conservó sus cicatrices. El cuenco conservó su forma.